Juan Rulfo

A Juan Rulfo le bastaron una novela y un libro de cuentos para ocupar un espacio de privilegio dentro de las letras hispanoamericanas. Constructor de un universo rural peculiar, el escritor plasmó en sus narraciones no sólo las características de la idiosincrasia mexicana, sino además el drama profundo de la condición humana.

El llano en llamas (1953) agrupa quince cuentos que reflejan un mundo cerrado y violento donde el costumbrismo clásico se desplaza para vincularse con los mitos más antiguos de Occidente: la búsqueda del padre, la expulsión del paraíso, la culpa original, la primera pareja, la vida, la desaparición. Pedro Páramo (1955) trata los mismos temas de sus cuentos, pero los traslada al tema de la novela rodeándolas de una atmósfera macabra y poética. Este libro muestra, además, una prodigiosa arquitectura formal que fragmenta el carácter lineal del relato.

Juan Rulfo

La mítica localidad de Comala sirve de ámbito para la novela y algunos cuentos de Juan Rulfo. Su paisaje es siempre idéntico: una enorme llanura donde jamás llueve, valles abrasados, lejanas montañas y aldeas habitadas por gente solitaria. Y no es complicado admitir en esta especificación las propiedades de Apulco, reducido pueblo en los bajos del Estado de Jalisco donde el 16 de mayo de 1917 surgió el pequeño que, después, se haría popular en el planeta de las letras. Su nombre terminado era Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno.

Juan Rulfo dividió su niñez entre su pueblo natal y San Gabriel (durante algún tiempo llamada Localidad Venustiano Carranza), donde llevó a cabo sus primeros estudios y ha podido contemplar algunos episodios de la sublevación cristera, violento levantamiento que, al grito de «¡Viva Cristo Rey!» y frente el cómplice silencio de las autoridades eclesiásticas, se opuso a las leyes promulgadas por el presidente Plutarco Elías Calles para prohibir las manifestaciones públicas del culto y subordinar la Iglesia al Estado.

Rulfo vivió en San Gabriel hasta los diez años, en empresa de su abuela, para entrar después en un orfanato donde estuvo 4 años más. Puede afirmarse, sin temor a incurrir en error, que la revolución de los cristeros fue esencial en el despertar de su vocación literaria, ya que el sacerdote del pueblo, con el deseo de proteger la biblioteca parroquial, la confió a la abuela del pequeño. Rulfo tuvo de esta forma a su alcance, cuando solamente cumplió los ocho años, todos esos libros que no tardaron en llenar sus ratos de ocio.

Rulfo en su estudio c. 1954
Rulfo en su estudio (c. 1954)

A los dieciséis años tuvo la intención de entrar en la Facultad de Guadalajara, pero no ha podido llevarlo a cabo ya que los alumnos mantuvieron, por ese momento, una interminable huelga que se prolongó durante año y medio. En Guadalajara divulgó sus primeros contenidos escritos, que se dieron a conocer en la revista Pan, apuntada por Juan José Arreola. Poco luego se instaló en México D.F., localidad que, con algunos intervalos, iba a transformarse en su lugar de vivienda y donde, el 7 de enero de 1986, le alertaría la desaparición.

Ya en la ciudad más importante, tuvo la intención de otra vez ingresar en la facultad, alentado por su familia a continuar los pasos de su abuelo, pero fracasó en los exámenes para el ingreso en la Facultad de Derecho y se vio obligado a trabajar. Entró entonces en la Secretaría de Gobernación como agente de inmigración; debía localizar a los extranjeros que vivían fuera de la ley. Desempeñó primero sus funcionalidades en la ciudad más importante para trabajar después en Tampico y Guadalajara y recorrer después, a lo largo de dos o tres años, amplias zonas del país, accediendo de esta forma en contacto con el habla habitual, los peculiares dialectos, el accionar y el carácter de diferentes zonas y grupos de población.

Esta vida viajera, este contacto con la múltiple situación mexicana, fue primordial en la preparación de su obra literaria. Después, y siempre en la misma Secretaría de Gobernación, fue movido al Archivo de Migración. Rulfo se ganó la vida en trabajos muy diversos: estuvo empleado en una empresa que fabricaba llantas de hule y además en varias compañías privadas, tanto nacionales como extranjeras. De forma simultánea, dirigió y coordinó distintos trabajos para el Departamento Editorial del Centro Nacional Indigenista y fue además asesor literario del Centro Mexicano de Escritores, institución que, en sus inicios, le había concedido una beca.

juan rulfo sentado

La obra de Juan Rulfo, más allá de constar sólo de dos libros, le valió un general reconocimiento a nivel mundial de habla de españa, reconocimiento que se concretó en premios tan destacables como el Nacional de Letras (1970) y el Príncipe de Asturias de España (1983), y en su traducción a varios lenguajes. En 1953 nació el primero de ellos, El llano en llamas, que integraba diecisiete narraciones (algunas de ellas ubicadas en la mítica Comala) que son verdaderas proyectos maestras de la producción cuentística.

Cuando en 1955 hace aparición Pedro Páramo, la exclusiva novela que escribió Juan Rulfo, el hecho apunta el desenlace de un retardado desarrollo que ha ocupado al escritor a lo largo de años y que aglutina toda la riqueza y diversidad de su formación literaria. Una formación que ha asimilado deliberadamente las más distintas literaturas extranjeras, desde los modernos autores escandinavos, como Halldor Laxness y Knut Hamsun, hasta las producciones rusas o estadounidenses. Alcanza con arrimarse a la novela, de composición más poética que lógica (hasta el punto de ser tachada de confusa por algunos críticos), para abarcar la tolerante laboriosidad del creador, el minucioso trabajo que su redacción supuso y que le exigió rehacer varios párrafos y desechar páginas y páginas ya escritas.

Desde 1955, año de la aparición de Pedro Páramo, Rulfo comunicó numerosas ocasiones y en épocas diferentes que se encontraba mejorando un libro de cuentos de inminente publicación, Días sin floresta, y otra novela llamada La cordillera, que pretendía ser la crónica de una inexistente zona de México desde el siglo XVI hasta nuestros días. Pero el creador no volvió a divulgar libro alguno. En una entrevista de 1976, Rulfo admitió que la novela proyectada había terminado en la basura.

juan rulfo posando

Ocasionalmente algunos contenidos escritos suyos aparecían en las páginas de las publicaciones periódicas dedicadas a la literatura. De esta forma, en septiembre de 1959, la Revista Mexicana de Literatura divulgó con el encabezado de Un pedazo de noche un fragmento de un relato de tema urbano; muchísimo más tarde, en marzo de 1976, la revista ¡Siempre! integraba dos contenidos escritos inéditos de Rulfo: una narración, El despojo, y el poema La fórmula secreta.

Pero esta escasa producción literaria ha servido de inspiración y base para una destacable floración de producciones cinematográficas que partieron de adaptaciones de cuentos y contenidos escritos de Rulfo. En 1955 Alfredo B. Crevenna dirigió la película Talpa, cuyo guión es una acomodación de Edmundo Báez del cuento homónimo del escritor. Siguieron El despojo, apuntada por Antonio Reynoso (1960); Paloma herida, que, con argumento rulfiano, dirigió el mítico realizador mexicano Emilio el Indio Fernández; El gallo de oro (1964), apuntada por Roberto Gavaldón, cuyo guión sobre un concepto original del creador fue elaborado por Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez. En 1972, Alberto Isaac dirigió y adaptó al cine dos cuentos de El llano en llamas, y en 1976 se estrenó La Media Luna, película apuntada por José Bolaños que piensa la segunda versión cinematográfica de la novela Pedro Páramo.

Fueron tantas las reacciones periodísticas y las notas necrológicas que se han publicado luego del fallecimiento del escritor que con ellas se elaboró un libro que se titula Los murmullos, antología periodística alrededor de la desaparición de Juan Rulfo. Póstumamente se recopilaron los artículos que el creador había anunciado en 1981 en la revista Proceso.

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